Por Mirna Mejía Ordóñez
termina como peces de colores en una pecera.”
La Elegancia del Erizo de la escritora francesa Muriel Barbery, es una novela relatada en forma alterna por dos narradoras protagonistas de lo más especiales: Renée Michel y Paloma Josse, quienes como todos los personajes del relato, residen en un lujoso palacete ubicado en la calle Grenelle, en París.
Renée, -o la señora Michel, como es llamada por los habitantes del edificio-, viuda, bajita, fea y rechoncha, vive sola con su gato, es la portera del edificio y hace todo lo posible para que la gente piense que es una portera normal y corriente. Aprendió a leer desde muy niña sin que nadie se enterara. Estableció su relación con los libros cuando comprendió que ella, sin belleza ni encanto, no podría luchar en un mundo de pudientes, por lo que ante su soledad e incapacidad de establecer relaciones sociales, saciaría su hambre con los libros, dedicando así, cada segundo de su existencia a leer, ver películas y escuchar música. Ha leído obras de toda clase, más que todo, literatura –su gato León, debe su nombre a Tolstoi uno de sus escritores favoritos- y cuando está angustiada se refugia en su memoria literaria, diciéndose: “¿Qué distracción hay más noble, qué compañía más distraída, qué contemplación más deliciosa que la de la literatura? Es también esclava de la gramática, adicta al cine japonés y ferviente adoradora de las naturalezas muertas. Renée, comparte sus vivencias y una taza de té verde todos los días, con Manuela –excelente repostera-, asistenta de uno de los pisos, con quien la une, una entrañable amistad.
Paloma, una intelectual de doce años, vive con sus padres y su hermana Colombe, en el quinto piso del suntuoso edificio. Y aunque se esfuerza por parecer tonta, es la primera de su clase y más lista que la mayoría de los adultos. Esconde su inteligencia pues no quiere ser como todos los jóvenes dedicados a rentabilizarla, para asegurarse un porvenir de elite. Considera a sus padres insensibles ante la pobreza del mundo, apáticos, anestesiados y vacíos de emociones. Critica cómo ve la vida su madre, que se interesa más por lo externo que por lo interno. Su vida transcurre en una gran soledad y no existe nada que le inspire el deseo de vivir, al extremo de tomar la decisión de suicidarse e incendiar su casa, al pensar que el destino de todo ser humano es insulso y todos terminan en una pecera. Busca algo lo bastante estético para darle valor a su vida, gracia, belleza, armonía, intensidad y si encuentra un movimiento bello de los cuerpos, a falta de una idea bella para el espíritu, entonces quizá piense que vale la pena vivir. Se ha puesto como objetivo tener el mayor número de ideas profundas. Escribirá un diario doble (uno para el espíritu y otro para el cuerpo) -EL DIARIO DEL MOVIMIENTO DEL MUNDO e IDEAS PROFUNDAS-. En sus diarios relata la vida de su familia, sus vecinos –con sus perros y gatos-, sus compañeros de clase y su amiga Marguerite y especialmente, sus ideas profundas, a las que llega a través de la relajación, la cual consigue con la música, entre ellas, que la gramática es un estrato de conciencia que lleva a la belleza, escribiendo: “Pero cuando se estudia gramática, se accede a otra dimensión de la belleza de la lengua. Hacer gramática es observar las entrañas de la lengua, ver cómo está hecha por dentro, verla desnuda, por así decirlo. “
Kakuro Ozu, el nuevo residente del inmueble burgués, se hace presente en la novela. Un japonés de sesenta años, franco y directo, que irradia amabilidad, alegría y fuerza de voluntad que incidirá en las vidas de Paloma y Renée, quienes a pesar de pertenecer a diferentes estratos sociales se hacen amigas, teniendo en común su soledad, su amor a la literatura, a la gramática, al arte y a la música. La invisibilidad de Renée desaparece, al percibir el señor Ozu, que no es la típica portera, sino una erudita, abriéndose –al conocerlo-, una brecha fulgurante en su vida. El señor Ozu comparte sus impresiones sobre la verdadera personalidad de la señora Michel, con Paloma, quien ya lo sospechaba, al descubrir en el carrito de la compra, un libro de filosofía, pensando de ella, que refleja inteligencia y que tiene la elegancia del erizo.
La vida de Paloma empieza a cambiar, al meditar sobre el hecho de que si se incendia la casa de sus padres, corre el riesgo de quemar la del japonés, lo que complicaría la existencia del único adulto que hasta ese momento le parece digno de estima. Y al invitarla a tomar el té, surge su idea profunda del día, al hablar éste de los abedules rusos, reflexionando Paloma, que hay tanta humanidad en la capacidad de amar los árboles, cuya gran belleza nos hace sentir nuestra insignificancia -que no somos nada-, como viles parásitos que pululamos en la superficie de la tierra y al mismo tiempo nos hace dignos de vivir. En su diario encontramos otras ideas profundas como: desear poder ver más allá de sí misma y de conocer a la gente; la importancia del ahora, pues si se le teme al mañana es porque no se sabe construir el presente y el significado de la palabra nunca. Ultima idea a la que arriba por Renée, su alma gemela y por quien decide que ya no se suicidará, que por ella buscará los siempres en los jamases y la belleza en este mundo.
En conclusión la novela es un elogio a la amistad, una oda a la Literatura y una censura a la alta sociedad francesa.